El gran desconocido

¿Cómo llegar a las Salinas de Ulló?

Si te encuentras en cualquiera de los municipios del Morrazo: Moaña, Cangas, Marín, Bueu o Vilaboa, y quieres llegar a las Salinas de Ulló solo tienes que tomar el corredor del Morrazo en dirección Domayo y en la rotonda tomar la salida hacia Vilaboa.

Si vienes desde Vigo tienes que cruzar el puente de Rande y en la rotonda tras la primera salida, tomar la misma salida hacia Vilaboa.

Vengas por donde vengas, una vez tomes la salida, tendrás que tomar la carretera N-554, (llena de rotondas) y atravesar las parroquias de San Adrián de Cobres y Santa Cristina

Sigue la N-554 hasta “Toural”, unos metros más adelante del cartel, te encontrarás otro cartel que pone “Salinas do Ulló”, gira a la derecha como indica el cartel y sigue por esa carretera de badenes. A poco más de 1 km encontrarás un pequeño aparcamiento a mano izquierda en el que podrás dejar el coche y empezar tu ruta a pie.

De paseo por las Salinas de Ulló.

Nada más llegar a las Salinas de Ulló, te sorprenderá su belleza. Parece mentira, que tuviéramos esta maravilla tan cerca y que aún no hubiéramos venido hasta ahora.

Todo el recorrido está muy bien indicado y es circular, perfecto para alguien como yo a la que no le gusta mucho tener que volver por el mismo camino.

Antes de nada vamos con un poquito de historia…

Aunque parezca mentira, este lugar tan mágico y natural con el que te encuentras al llegar, no es algo que se creara únicamente de forma natural.

Las Salinas de Vilaboa, ocupan un área bastante grande. Se extienden desde la parroquia de Paredes hasta la Playa de Larache en Santa Cristina de Cobres.

Están formadas por la unión de dos ríos (Tuimil y Villil) que desembocan en la ensenada de la isla de San Simón formando unas marismas de agua salada con muy poca profundidad. Eso da pié a que cuando baja la marea la profundidad sea aún menor.

Así en 1637, durante el reinado de Felipe IV, y viendo la posibilidad de crear un “negocio emergente” por aquella época, se construyó un dique con pequeñas compuertas para contener el agua salada. De esta forma abrían y cerraban a su antojo, reteniendo la poca agua que necesitaban en las marismas.

Y así al quedar el agua allí estancada y gracias al calor del sol, se conseguía que el sal contenida en el agua de mar se cristalizara de forma natural sobre la superficie, para luego ser extraída y elaborada.

Al principio fueron explotadas por los monjes del Monasterio de Poio, pero luego en 1694, los jesuítas del Colegio de Pontevedra tomaron el relevo.

Comenzamos nuestra ruta…

Comenzamos nuestra ruta paseando por los caminos de tierra que bordean las salinas y observando las diferentes aves que nos encontrábamos a nuestro paso. Vimos patos y cisnes con sus crías y una garza.
Antes de seguir por el camino de las marismas, nos desviamos y nos adentramos en una zona de bosque para ver las ruinas de la “Granja de las salinas”.

Ruinas de la Granja Ulló

No tengo palabras para describir este lugar. Es simplemente impresionante. Nada más llegar puedes observar que en su momento debían de ser dos caserones enormes. 

Paseamos entre las diferentes edificaciones que quedan, por sus escaleras, sus grandes muros de piedra…entre las ruinas con sus árboles, raíces y enredaderas cubriendo los muros… 

Parece como si nos hubiéramos adentrado de repente en una película de Robin Hood y alguien pudiera lanzarnos una flecha en cualquier momento! 

Lo que más nos llamó la atención fue que aunque son unas ruinas de hace más de dos siglos, algunos de sus elementos están en perfecto estado, como sus antiquísimas “lareiras” enormes, las chimeneas, los hornos, las escaleras…

Si vienes con niños, no te lo puedes perder, es un escenario fantástico para dejar volar la imaginación de mayores y pequeños.

Después de disfrutar de las ruinas, y crear nuestros propios recuerdos, volvimos al sendero de las salinas.

El sendero de las Salinas de Ulló

He de decir que toda esta zona participa en el proyecto Red Natura 2000 y forma parte de la Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA). 

Retomamos nuestro camino por el sendero de las salinas, hasta llegar al gran dique de piedra. Cruzar el dique fue una de las cosas más chulas de la ruta, a medio camino nos sentamos a observar la isla de San Simón y lo que queda de lo que un día fue un gran molino de mareas.

Fue el primer molino de mareas creado en Galicia y lo utilizaban para generar energía hidráulica, es decir aprovechaban las corrientes del fondo de la Ría para generar energía renovable.

Seguimos hasta el final del dique, para terminar nuestro paseo. Por esta zona también os vais a encontrar con un parque biosaludable, por si os quedan ganas de hacer un poco de ejercicio.

Cómo muchas de las rutas que comentamos en el blog, esta también se puede hacer en bici. Eso sí, si vas en bici, una vez que llegues al dique tendrás que ir con cuidado, no porque te puedas caer al agua, y darte un chapuzón no deseado, que también… sino porque es un dique un tanto estrecho y si hay aglomeración de gente, o niños corriendo no podrás pedalear muy bien. Pero, todo es cuestión de civismo, así que…¡Adelante!

¡A nosotros nos encantó! Es una ruta fantástica e ideal, tanto si quieres pasear en pareja, pasear en familia, pasear con peques o con tu mascota ¡Es apta para todos! Hasta para ir con carrito bebé.

Excursión a la isla de San Simón en barco
Excursión a la isla de San Simón en barco

Sara Pombal | Copywriter

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